Es una hormona esteroidea, o glucocorticoide, producida por la glándula suprarrenal. Se libera como respuesta al estrés y a un nivel bajo de glucocorticoides en la sangre.
Sus funciones principales son incrementar el nivel de azúcar en la sangre a través de la gluconeogénesis, suprimir el sistema inmunológico y ayudar al metabolismo de grasas, proteínas, y carbohidratos. Además, disminuye la formación ósea. Varias formas sintéticas de cortisol se usan para tratar una gran variedad de enfermedades diferentes. En el hombre, estudios cinéticos de la conversión del colesterol libre del plasma en cortisol han demostrado que, en esencia, todo el cortisol secretado deriva del colesterol circulante en condiciones basales y como resultado de la estimulación aguda con adrenocorticotropina (ACTH).
- Funciones principales en el organismo:
- Metabolismo de hidratos de carbono, proteínas y grasas (acción glucocorticoide).
- Homeostasis del agua y los electrólitos (acción mineralcorticoide).
- Incrementar el nivel de azúcar en la sangre a través de la gluconeogénesis.
- Suprimir la acción del sistema inmunitario.
Sin embargo, uno de los efectos del cortisol es que disminuye la formación ósea. El cortisol (hidrocortisona) se usa para tratar varias dolencias y enfermedades como la enfermedad de Addison, enfermedades inflamatorias, reumáticas y alergias. La hidrocortisona de baja potencia, disponible sin receta en algunos países, se utiliza para tratar problemas de la piel tales como erupciones cutáneas y eczemas, entre otros.
La hidrocortisona previene la liberación en el cuerpo de sustancias que causan inflamación. Estimula la gluconeogénesis, la descomposición de las proteínas y las grasas para proporcionar metabolitos que pueden ser convertidos en glucosa en el hígado. Además, activa las vías antiestrés y antiinflamatorias.
Los niveles de cortisol varían a lo largo del día, hallándose al máximo -280-720 nmol/L-entre las 7 y las 9 de la mañana, y descendiendo notablemente -60-340 nmol/l- entre las 9 y las 12 de la noche. Una revisión de la literatura científica demuestra que entrenar por la mañana o a última hora del día no produce diferencias notorias en cuanto a la respuesta del cortisol ante el ejercicio. Sin embargo, lo que sí implica una diferencia es la consistencia. Levantar pesas de forma cotidiana, hace que el cuerpo no llegue a interpretarlo como estrés, y como resultado produce menos cortisol.
- ¿Y que tiene que ver todo esto con nosotros? ¿es el cortisol bueno o malo?.
Ya lo habéis oído decir muchas veces: el cortisol roba al cuerpo ese músculo que ha ganado con tantas dificultades, y por lo tanto debemos evitarlo a toda costa. Incluso deberíamos utilizar fármacos o suplementos para suprimir sus emisiones si queremos ponernos más fuertes y más grandes.
Aparentemente, la supresión del cortísol parece llena de sentido; después de todo, es una hormona catabólica. Sin embargo, hay un pequeño problema: sin el cortisol, se trastocan muchas reacciones metabólicas importantes, lo que podría resultar algo tan inocuo como la debilidad muscular (pero capital para el culturista) o tan grave como la muerte. ¿Sabéis acaso que la remodelación muscular precisa de la ayuda de un poco de cortisol, y que ese poco puede ponerse en contra de tus prestaciones como atleta?. La clave consiste en evitar los extremos: entrenar lo bastante duro para estimular el crecimiento muscular, pero no tanto como para elevar hasta el techo los niveles de cortisol.
- La estrategia del cortisol.
El cortisol es esencial para la vida y catabólico para todas las células del cuerpo, excepto las hepáticas.
Por ejemplo, vamos a suponer que acabáis de finalizar un duro entrenamiento de piernas de dos horas. Los niveles de cortisol se elevarán debido a haber entrenado con intensidad grandes masas musculares durante mucho tiempo. El cortisol descompone las proteínas corporales en aminoácidos, aumentando su nivel en el torrente sanguíneo. Esos aminoácidos viajan hasta el hígado o hasta las fibras musculares dañadas del cuadríceps. Dentro del hígado, los aminoácidos se transforman en nuevas proteínas o se convierten en glucosa o ácidos grasos. Al liberar aminoácidos de los depósitos corporales de proteína, el cortisol proporciona al hígado el sustrato necesario para fabricar nueva glucosa (para energía) de forma que podamos continuar el ejercicio. Esos aminoácidos se reagrupan dentro del cuadríceps y ayudan a reparar las fibras musculares dañadas. Por eso no es una gran idea el intento de reducir notoriamente el cortisol después de un entrenamiento; incluso podría retrasar la recuperación muscular e incrementar las agujetas. El cortisol no es nocivo para el músculo, siempre que nos dispongamos a levantar pesas. ¿Por qué? El entrenamiento con pesas es antagonista de la atrofia muscular inducida por los glucocorticoides; en un pesista normal, la respuesta típica del cortisol es inferior a la de un pesista novato. A medida que ganemos experiencia como culturistas, es más difícil que el cortisol sea capaz de catabolizar ese músculo tan duramente adquirido.
- El cortisol y las grasas.
Otra función del cortisol que le concede un estado semejante al de los héroes es su papel como destructor del tejido adiposo. Este tejido adiposo, en forma del triglicéridos, se descompone en moléculas menores que pueden penetrar en la sangre y ser utilizadas como fuentes de energía por otros tejidos. Es cierto que el cortisol inhibe la síntesis proteica y puede estimular su descomposición -proteolisis-, pero parece ser que tiene preferencias por una cierta clase de proteínas. Eso significa que no parece destruir proteínas funcionales del músculo o células nerviosas. Además, los tejidos dañados pueden usar los aminoácidos de reciente formación a base de las proteínas destruidas para sintetizar nuevas proteínas que reparen los tejidos
dañados. De hecho, al destruir proteínas no musculares, el cortisol puede liberar aminoácidos para su uso en el desarrollo muscular después del ejercicio. Adicionalmente, los efectos catabólicos del cortisol palidecen en comparación con las acciones anabólicas de la insulina y el ejercicio.Desgraciadamente, el papel heroico del cortisol disminuye muy deprisa para el culturista que restringe severamente sus calorías. Aunque una dieta hipocalórica eleva los niveles de cortisol para descomponer la grasa, también descompone el músculo con el fin de utilizarlo como energía y baja los niveles de testosterona. La combinación de niveles bajos de testosterona y elevados de cortisol no es nada buena para el músculo. La respuesta está en comer y entrenar correctamente. Evitar los extremos del sobreentrenamiento y las dietas hípocalóricas no sólo puede ayudarnos a vernos y sentirnos mejor sino también a contrarrestrar los efectos catabólicos del cortisol.
El cortisol también favorece el mantenimiento idóneo de la presión arterial y renal, reduce las inflamaciones y acelera la reparación de los tejidos, modulando la percepción y la emoción, asumiendo un papel permisivo en el desarrollo de los órganos fetales, y afectando directamente al crecimiento de los huesos y el tejido conjuntivo de los niños. Nuestro cuerpos utilizan el cortisol para una variedad de funciones y necesita hallarse a niveles normales. Forzar la baja del cortisol a través de los fármacos puede poner en peligro los progresos del gimnasio y quizás nuestra propia salud.
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